¡Hola! Me llamo Lidia y escribo aquí.

Ocho mil cuatrocientas es más que mi portfolio literario. Este blog no solamente me permite explorar los límites de mi creatividad, sino que también es un reflejo de todo lo que aprendo y de mis vivencias como ciudadana en constante búsqueda de comprensión y sentido crítico.

Mi crecimiento está escrito en estos píxeles. Mi rutina se refleja en estos pequeños espejos que desprenden los colores de la pantalla de tu ordenador, tablet o teléfono móvil. Por favor, trátalos con mimo. Me ha costado mucho disponerlos en el orden preciso.

Soy analítica y observadora por naturaleza, y Ocho mil cuatrocientas es una muestra fiel de quién soy, cómo me muevo, cuáles son mis mayores influencias, qué es lo que pasa por mis ojos y cómo mi cabeza lo interpreta. Desde que comencé a postear hasta el día de hoy han llovido tormentas de años y nuevas experiencias, por eso Ocho mil cuatrocientas es mi cuaderno de bitácora, mi diario, mi álbum fotográfico: en él me retrato cada semana, dejando constancia de cómo evoluciono como persona que quiere dedicarse a la literatura interdisciplinada, mezclada con otros saberes.

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Este blog es un recordatorio de mi verdadero objetivo, un ayudante que me guía para que nunca pierda de vista lo que me entusiasma desde que era niña: leer y escribir, leer y escribir… Ocho mil cuatrocientas es para mí un remanso virtual donde las horas no existen, donde una tarde es una mota de polvo en un desierto.

Aquí hay dosis de:

evolución, aprendizaje, cambio constante, creatividad literaria, pensamientos e imágenes metafóricas que me despierta nuestra sociedad; todos ellos transmutados, principalmente, en relatos cortos, versos cuentos y obras de teatro diminutas. De vez en cuando también escribiré ensayos analíticos y reflexivos sobre otros artistas, ya que ahondar en los senderos que recorrieron para definir su estilo me ayuda a encontrar el mío. Explorar y aventurarse en la creatividad de otros escritores, pintores, escultores, actores, directores, fotógrafos (y un largo etcétera) supone regar con cuidado mi propio arte, por muy recién nacido que éste sea.

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La literatura y la pasión que yo siento por ella no tiene fronteras, ni bandera, ni lenguaje: sólo el de la naturaleza humana, tan solitaria como una estrella y tan comunitaria como un panal de abejas.

Deseo de todo corazón, huesos y cerebro, que te guste mi contenido y que nos encontremos por aquí en más de una ocasión. Siéntete libre de participar conmigo tanto como quieras.

Te esperaré,

Lidia.

P.D. Conozcámonos un poco mejor:

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Investiga un poco. Me conocerás mejor a través de mis entradas.